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Pobreza en Chile: Cómo se mide y qué cambió con la incorporación de la pobreza severa

Junio 24, 2026

El concepto de pobreza se asocia a la insatisfacción de necesidades básicas. Así de simple. Y el de pobreza severa es nuevo.

Hasta fines de 2025, cuando se actualizó la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN) con los datos de 2024, existían dos formas complementarias de entender y medir la pobreza: la pobreza monetaria o por ingresos y la pobreza multidimensional. Con esta actualización se incorporó una tercera categoría: la pobreza severa.

Los cambios en la CASEN, principal herramienta que tiene Chile para medir la pobreza, fueron el resultado de un profundo análisis desarrollado por una Comisión de Expertos. Es una medida consensuada y que se aciva cada diez años  y se convoca por ley para revisar distintos aspectos de la metodología utilizada. Entre otros elementos, se revisó la composición y el método de reajuste de la Canasta Básica de Alimentos y de la Canasta Básica No Alimentaria. El tratamiento del alquiler imputado, que asignaba un ingreso estimado a quienes vivían en una vivienda propia. L construcción de la línea de pobreza; las escalas de equivalencia para el tamaño de los hogares; y otras materias técnicas.

La comisión también propuso adecuaciones a la medición de la pobreza multidimensional a partir de la evidencia recogida durante los primeros diez años de su implementación.

Una de las modificaciones más relevantes fue reemplazar el concepto de pobreza extrema por el de pobreza severa. En esta propuesta Hogar de Cristo tuvo una participación active y determinante.

La pobreza severa alude a aquellas personas que son pobres por su nivel de ingresos y que, al mismo tiempo, presentan carencias en ámbitos como vivienda, educación, empleo, salud y redes de apoyo, dimensiones consideradas en la medición multidimensional.

Esta categoría evidencia mayores necesidades estructurales, como desempleo, informalidad laboral, problemas de habitabilidad, debilidad de las redes sociales y mayores experiencias de discriminación. Además, concentra una proporción significativa de población migrante y rural que enfrenta condiciones de vulnerabilidad especialmente complejas.

¿QUÉ CAMBIÓ LA COMISIÓN EXPERTA?

Para medir la pobreza monetaria se establece una línea mínima de ingresos. Todo ingreso inferior a ese umbral se considera insuficiente para satisfacer necesidades básicas. Sin embargo, una persona puede encontrarse por encima de esa línea y, aun así, presentar carencias importantes en ámbitos como salud, educación o vivienda. De ahí la importancia de medir ambas dimensiones, ya que la pobreza multidimensional evalúa directamente la satisfacción de necesidades agrupadas en distintas esferas del bienestar.

Ya lo dijimos: en Chile, el principal instrumento para medir la pobreza es la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN). Tiene cobertura nacional y su realización está a cargo del Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

No es una encuesta censal; esto significa que sus resultados corresponden a una muestra representativa de la población del país. Comenzó a aplicarse en 1985. Desde 2013 incorpora la medición de la pobreza multidimensional y, desde 2025, incluye la pobreza severa.

En la Comisión Experta de Actualización de la CASEN, Hogar de Cristo propuso reemplazar o complementar la categoría de pobreza extrema por la intersección entre pobreza por ingresos y pobreza multidimensional, denominada pobreza severa, criterio que ya fue incorporado para mediciones y análisis.

Este diagrama explica cómo evolucionó el instrumento que actualmente mide la pobreza en Chile. Están los años que representan cambios significativos.

 

¿QUÉ REVELAN LOS RESULTADOS DE LA CASEN 2024?

La Encuesta CASEN 2024 fue actualizada para adaptarse a las realidades actuales, corregir distorsiones metodológicas —como el tratamiento del arriendo imputado— e incorporar nuevas dimensiones para medir el bienestar. Sus resultados llamaron la atención por varias razones.

En primer lugar, mostraron una reducción de la pobreza.

Los datos indican que la pobreza por ingresos alcanzó el 17,3% y la pobreza multidimensional el 17,7% en 2024, cifras que representan una disminución significativa respecto de la medición anterior. Esto significa que cerca de 600 mil personas dejaron de estar en situación de pobreza.

Es una noticia que, a primera vista, invita al optimismo. Sin embargo, una revisión más detallada de los datos revela una realidad más compleja.

Hoy, más de 3,4 millones de personas siguen viviendo en pobreza por ingresos. No logran cubrir sus necesidades básicas, incluso considerando las ayudas del Estado. Pero el dato más duro —y menos comentado— es otro: más de 1,1 millón de personas vive en pobreza severa.

Casi un millón 200 mil personas vive en pobreza severa en Chile, Hogar de Cristo se vuelca a trabajar con ellos para lograr la superación de la pobreza.

Se trata de personas que son pobres por ingresos y, además, multidimensionalmente. Enfrentan carencias en vivienda, salud, educación, trabajo, cuidados o redes de apoyo. Es decir, acumulan ambas formas de pobreza, lo que expresa niveles de vulnerabilidad y precariedad más profundos y persistentes.

 

PROFUNDIZANDO EN LOS DATOS

La Araucanía registra la mayor tasa de pobreza por ingresos del país, con un 28,6% de su población en esta situación. Esto representa más de 11 puntos por sobre el promedio nacional, que alcanza el 17,3%.

En pobreza multidimensional, en cambio, la región presenta una tasa de 15,9%, cifra inferior al promedio nacional de 17,7%. En esta dimensión, la región con mayor incidencia es Tarapacá, con un 22,2%, seguida por Atacama, con un 20,2%, y la Región Metropolitana, con un 19,7%.

Pero la CASEN muestra algo que debería preocuparnos más que cualquier titular: el 10% más pobre de Chile genera hoy menos ingresos propios que hace quince años. Sus ingresos laborales disminuyen, mientras los subsidios aumentan y pasan a representar cerca del 70% de los recursos que recibe un hogar.

Las transferencias son necesarias —nadie lo discute—, pero cuando no van acompañadas de oportunidades reales de inclusión social y laboral, corren el riesgo de administrar la pobreza en lugar de contribuir a superarla.

NUEVA ENCUESTA CADEM, NO CASEN

Una reciente encuesta realizada por la consultora CADEM indica que el 68% de las personas declara convivir de alguna manera con la pobreza: un 15% señala vivirla actualmente; un 27% afirma haberla experimentado en el pasado; y un 26% dice observarla en su entorno cercano, ya sea en familiares, amigos o vecinos.

Este estudio acaba de salir del horno y muestra la percepción de la población acerca de la pobreza. Fue encargada por la alianza Comunicación y Pobreza a CADEM.

A ello se suma que casi uno de cada cinco chilenos experimenta estrés económico de manera permanente. Se trata de una fragilidad que rara vez aparece reflejada en las estadísticas tradicionales de pobreza, pero que condiciona decisiones cotidianas, limita la capacidad de proyectar el futuro y alimenta una extendida sensación de inseguridad e incertidumbre.

Consistente con ello, el 91% considera que reducir la pobreza es muy o bastante urgente. Los resultados muestran que la ciudadanía asocia la pobreza principalmente con experiencias de precariedad material y económica. Un 64% la relaciona con no tener recursos suficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación, servicios básicos o conectividad.

Sin embargo, la percepción de pobreza va más allá de la falta de ingresos. Un 46% la asocia con no tener dónde vivir; un 42% con la falta de oportunidades en ámbitos como educación, trabajo y salud; un 48% con el endeudamiento crónico; y un 47% con la dificultad para llegar a fin de mes.

Respecto de sus consecuencias, el 87% cree que la pobreza incrementa la conflictividad social; un 85% considera que deteriora la salud de la sociedad; un 84% estima que limita el potencial de desarrollo y crecimiento del país; un 83% cree que favorece la presencia del narcotráfico en los barrios vulnerables; un 75% señala que debilita la confianza en las instituciones; un 73% afirma que afecta a toda la sociedad; y un 66% considera que genera altos costos para el país.

Los hallazgos de este estudio forman parte de una serie de iniciativas impulsadas por diversas organizaciones para instalar la conversación sobre pobreza en la agenda pública, entre ellas encuentros de diálogo entre pares improbables, la Noche del Encuentro y actividades vinculadas al Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.

QUÉ HACE HOGAR DE CRISTO

Durante 2025, Hogar de Cristo atendió a 31.395 personas en situación de pobreza y vulnerabilidad a través de 225 programas y dispositivos presentes en las 16 regiones del país. Su trabajo busca proteger, acompañar, apoyar e incluir a las personas a lo largo de las distintas etapas de la vida.

Hogar de Cristo trabaja especialmente con quienes viven las formas más complejas y persistentes de exclusión social, muchas de las cuales hoy son visibilizadas por la categoría de pobreza severa.

La mayoría de estas personas forma parte de ese más de 1,1 millón de habitantes que vive simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional. Entre ellas se encuentran adultos mayores en situación de abandono, personas en situación de calle, hombres y mujeres con discapacidad mental y dependencia severa, además de niños, niñas y jóvenes excluidos del sistema escolar, entre otros grupos que requieren especial protección.

La pobreza es compleja y superarla no es sencillo. Entenderla como una grave vulneración de derechos humanos ayuda a visibilizarla mejor y a comprender que su reducción constituye un imperativo ético para la sociedad.

Como señala la directora social de Hogar de Cristo, Liliana Cortés:

“La pobreza severa nos da la oportunidad y nos desafía a diseñar servicios sociales que consideren una mirada integrada, donde la multidimensionalidad sea un elemento articulador de los procesos de superación. La pobreza no es solo falta de ingresos. Es, sobre todo, no tener las condiciones ni las capacidades desarrolladas para superar una vida marcada por el dolor y la adversidad. Por eso se requiere el compromiso de todos para reducirla sistemáticamente mediante soluciones integrales, que pongan a las personas en el cen